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miércoles, 1 de mayo de 2013

EL DÍA DEL TRABAJADOR JUNTO A ENNIO MORRICONE Y SUBSONICA

De todo lo que viví en Roma podría escribir y escribir entradas. Viví anécdotas, experiencias, historias y sensaciones que me acompañaran el resto de mi vida. Pero fueron tantas cosas y sobre todo, lo echo tanto de menos, que aún se me hace muy difícil escribir sobre ello.

Ha dado la casualidad de que ha sido 1 de Mayo y me he acordado del día del trabajador que pasé en la ciudad eterna. Y, aunque no pensaba que esta fuera la primera entrada que iba a hacer, me parece una buena oportunidad para romper el hielo y sacar una sonrisa al escribir mientras una lágrima se me salta. 

La verdad es que todo fue muy especial. Nada más bajarnos en Re di Roma (una parada también especial para mí por el 3D pero eso es otra historia), ya se notaba el ambiente. Parecía que estuviéramos en un festival de música por el que hubiéramos pagado. Para mí el gran reclamo para ir era ver en directo a Ennio Morricone, il bravo Ennio, un compositor que deseaba ver en directo (y quiero volver a ver). 

El marco, incomparable, cosa bastante sencilla en una ciudad como Roma donde cada rincón es mágico. En este caso fue en la plaza de San Giovanni.

Quizás tuve mucha suerte, y como otras muchas cosas el hecho de que fuera el 150 aniversario de la unificación de Italia, o sea el 150 aniversario del país que conocemos actualmente, no fue un año más. Ennio no estaba allí para deleitarnos con una orquesta que interpretara una de las multiples bandas sonoras que han quedado para la historia del cine, sino para interpretar y conducir el Himno de Italia. 

Estar en otro país y ver a la gente disfrutar de una fiesta de esa manera y saber que era especial para cada uno de los allí presente fue muy bonito. Y si queréis poder intuir o imaginar lo que significó estar allí en aquel instante, aquí un video de uno de los momentos más emocionantes de aquel bel giorno.




Pero no sería lo único que recordaría, también pude ver en directo y conocer a una de las bandas más populares del rock italiano. Además terminó siendo uno de los grandes descubrimientos musicales que hice en mi vida romana y que aún me acompaña en mi lista de reproducción diaria: Subsonica.



 
Sin duda un día y una experiencia que no olvidaré jamás.

viernes, 30 de abril de 2010

Charles Avery: El Charles Darwin del Arte Moderno

Lo reconozco, tengo una extraña debilidad por los museos de Arte Moderno. Quizás sea por la dificultad que existe para encontrar uno en nuestro país, o quizás porque es de los pocos lugares que no sabes que es lo que te puedes encontrar o, a lo mejor, es porque es un museo diferente donde existe algo más que las paredes para demostrar a qué se le puede llamar arte. No lo sé, pero lo cierto es que cada vez que me encuentro en una ciudad que tiene uno de estos museos, termino investigando y disfrutando de esos edificios llenos de obras de arte de artistas que aún respiran entre nosotros y a los que aún no se estudia en ningún colegio del mundo. Lo hice en Glasgow, lo hice en Estocolmo, lo hice en Nueva York y también lo hice en Edimburgo.  En el caso de Edimburgo, estaba allí celebrando con Carla sus últimas horas con 23 años (se me ocurrió que sería un buen regalo de cumpleaños pasar unos días juntos en la Atenas del Norte).


Aquí podemos ver a Carla delante del Museo de Arte Moderno de Edimburgo 
el día antes de cumplir los 24 años.





En Edimburgo hay museos de todo tipo, en casi cualquier calle (de escritores, juguetes, ropa...) pero dejamos para el último día de nuestra estancia el ir al Museo que yo de verdad quería visitar, el de Arte Moderno. Bastante lejos del centro, (fuimos en un taxi y vivimos una aventura de casi dos horas de caminata para volver) nada más llegar te das cuenta de que estás ante algo diferente, y, aún sin haber visto nada ya tienes la sensación que ha merecido la pena ir.






Éste es el lago que hay junto al Museo de Arte Moderno
de Edimburgo.




Hay una puerta exterior, que da a, lo que parece, unos terrenos pertenecientes al museo, como si de un palacio se tratara. Aquí te espera un pequeño paseo por un camino con bancos junto a un jardín y numerosos árboles (desde luego, la naturaleza, la vegetación y el verde en toda Escocia, es impresionante) donde pude contemplar el lago más original que he visto en mi vida. Al final del caminito, ya espera el Museo, un gran edificio, que infunde bastante respeto con una fachada del griego clásico (no es el único lugar de la ciudad donde tendrás la sensación de estar en un templo griego, supongo que por eso la llaman la Atenas del Norte) y que da cuenta de la importancia del lugar que estás a punto de visitar.






Ya dentro, nos encontramos con una maravillosa exposición de Charles Avery (1973, Oban, Escocia) llamada "The Islanders: An Introduction" (Los Isleños: Una Introducción). Una de las cosas que llamaba la atención era la variedad de la exposición y que jamás se ve en un museo convencional, el autor presenta "su mundo" a través de dibujos a lápiz. Estos dibujos en muchos casos tenían un gran tamaño, y nos sorprendía que en algunos de ellos, los trazos borrados seguían distinguiéndose y formaban parte de la composición, dándole dinamismo y sensación de movimiento en muchos casos. también en algunos de estos cuadros a lápiz utilizaba tinta china para destacar algún detalle sobre el resto, como si no formara parte realmente de lo que aparece en el resto de la escena. 




En estos dibujos y en muchos otros elementos de la colección está retratada una sociedad extraña, que crea un cierto rechazo visual (casi obligándote a aparta la mirada hacia otro lugar) recargada, decadente y en algunos casos, tras ver los paisajes y animales mutados que aparecen, una sociedad que ha sobrevivido a algún tipo de catástrofe. En este mundo, hay elementos recurrentes que aparecen en varias piezas como: el pequeño hombre del sombrero oriental, que parece arrastrarse por todos los lugares que quedan de esta "nueva" sociedad, pero como si nadie le hiciera caso, como si no existiera(en una pieza, donde aparece este pequeño hombre con sombrero oriental dos veces en dos poses diferentes, el autor lo llama "Cosciencia", quizás un mensaje de que se arrastra por una sociedad sin ciencia ni conciencia, con sólo la intención de comerciar) al igual que los diminutos hombrecillos ataviados de sombrero y chaqué en una pose muy aristocrática pero en lugares que no parece tener qu corresponderle y rodeado de personas que pertenecen a otra clase social, y que ni siquiera le prestan la más mínima atención, dejándolos aún más fuera de la escena representada.


                                                     Coscienza 60.5 X 27.5 cm - 2008



Otra de las maneras que el autor presentaba esta colección de su obra en el Museo de Arte Moderno de Edimburgo, era con la escultura. Aquí destacan esos animales mutantes, que casi producen repulsión, y que quizás, representen esa superviviencia a algo catastrófico, que el autor parece señalarnos que ha ocurrido. Y que, además ha provocado que haya existido una elección natural entre los animales para que hayan podido sobrevivir, que hayan conseguido la supervivencia las especies más fuertes. En  este caso no parece haber sido ninguna especie conocida, sino que se ha necesitado de la unión de dos especies, o de dos individuos de la misma especie para adaptarse a los nuevos tiempos. Como si el autor nos hablará de un nuevo origen de las especies ("El Origen de las Especies" es un libro de Charles Darwin, que en 1859, ya habla de la evolución de las especies. Incluso hasta su sexta edición en 1872, el título del libro había sido: "El origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida"). Además, estas criaturas también puede representar al mundo actual, en lo que se ha convertido, una deformación, una abominación de lo que fue. 







Aparte de las esculturas, la temática de los animales, de las nuevas especies que han sobrevivido, de esas abominaciones que han quedado,  llegan a un estadio más realista (algunas piezas eran increíblemente reales) para lo cual el autor utilizó el proceso de la taxidermia, con una perfección y un detalle que llegabas a creer que esa especie, que ese animal existía. Sólo puedes saber que no era posible porque eran representaciones de esos animales inventados por el autor, mezcla de más de un animal conocido o existente. Una vez más, el autor vuelve a dar origen a nuevas especies con sus propias manos. Esta vez, llevándolo un paso más lejos, haciendo que todo el museo se convierta en un mundo real, en un mundo creado por él, en su mundo.






















En el museo también podías encontrarte instalaciones, que expuestas de una forma aparentemente desordenada, llamaba bastante la atención. Pero este desorden no era precisamente un hecho azaroso, sino premeditado y lógico, ya que es otra manera de seguir apoyando la atmósfera de toda la exposición, de todo el museo. Un ambiente de caos que reina en este mundo representado por Charles Avery y que cada vez vemos como más real.












Aparte de todos estos elementos la exposición estaba repleta de texto: proposiciones filosóficas, texto extenso y explicativo de las obras, de donde se puede llegar a vislumbrar cómo es el mundo que ha creado, como se ha dado origen a esas nuevas especies, e incluso algunos de los motivos que le han impulsado al autor a realizar esta exposición.














Incluso, como curiosidad, para esta sociedad ficticia, para este mundo que se desmorona, creó etiquetas de latas de conservas y otros productos. Como si, aunque todo se viniera abajo, la parte comercial, la parte económica e, incluso, la cultura publicitaria, también tendrían que formar parte de cualquier mundo habitado por el hombre (¿Otra crítica más del autor de la sociedad en que vivimos?) De hecho la actividad comercial (bares, tiendas etc...) también se repite en varias ocasiones en sus dibujos. Este dibujo a lápiz ("Avatars", 2005) engloba prácticamente todo el sentido y significado de la exposición, del mundo que refleja. Tenemos la actividad comercial que acabamos de comentar, las nuevas especies a las que se han dado origen. Es curioso y representativo hasta el nombre, Avatars, que puede arrohar más luz sobre las intenciones y significado de la obra. En el marco del hinduismo, un avatar es la encarnación terrestre de un dios, en particular Vishnú. El término significa ‘el que desciende’; La palabra también se utiliza para referirse a encarnaciones de Dios o a maestros muy influyentes de otras religiones apartes del hinduismo, especialmente a los adherentes a tradiciones dhármicas cuando tratan de explicar a personajes como Cristo. Por lo tanto los animales, esas abominaciones para el ojo pueden ser un ser superior reencarnado, una especie mejor, una reencarnación en un ser vivo mejor, pero que estén comerciando con ellos vuelve a colocar al hombre, a la sociedad, al mundo en el caos, porque están vendiendo a dioses, se han perdido todos los valores. Sigue sin haber una esperanza... En lo formal destacan esos trazos a lápiz que deberían ser borrados (que cualquier artista, dibujante o arquitecto hubiera borrado) pero que el autor deja con la intención de que formen parte de toda la composición, en este caso, se ve en los puntos de fuga.




El ejemplo más claro de la suciedad, del caos y la perdida de los valores de nuestra sociedad, que coge el sentido más religioso y espiritual de transformación, y de pureza y lo contamina, lo corrompe y no lo respeta es: La Cámara de la Eternidad. Un vaso hexagonal interior amurallado por espejos, iluminado por un espectro de arco iris de luces en el techo y el suelo, y cuadros como el de un salón de baldosas estilo Victoriano.Permite a la audiencia para visualizar una sección del mundo de los isleños y tener fe en su poder. La gaviota es un ser superior reencarnado llamado Mesudo. La simetría, el patrón y el embellecimiento se asemeja a la de la arquitectura de Oriente Medio, en concreto una mezquita o templo.














Pero volvemos a la sociedad de los valores perdidos: Charles Avery caracteriza a sus adoradores como forasteros, buscando la vida eterna prometida pasando pocos segundos dentro de la cámara. Define el interior sagrado como un lugar oscuro, sucio y con malas intenciones, con las colas para el stand de una eternidad brillante y prometedora. La mirada del forastero es la de gente desposeída que intenta entrar por turnos en la cámara de la eternidad para mantener el calor, no hay sentido de la ocasión, devoción, o de la excitación. Y una vez más nos da una clara impresión de que quiere utiliza su mundo de fantasía como un espejo satírico de nuestra propia sociedad. (Los espejos de la cámara, un lugar sagrado que refleja la bajeza de las personas de esta sociedad).


Se dice que Charles Avery pertenece a una nueva generación de artistas que pertencen al movimeinto "Altermodern", que significa "El arte se hace ahora, en respuesta a una sociedad global y como una reacción contra la normalización y la comercialización."  Esto explicaría la crítica que desea hacer y  la representación que hace de esta sociedad, aún haciéndolo desde la creación de una sociedad ficticia y hasta de su fauna y religión. Por eso si entras en una exposición como ésta, la evolución de las especies, su creación dejan de ser competencia de Charles Darwin y su libro "El Origen de las Especies" y pasan a serlo de Charles Avery y su libro: "The Islanders: An Introduction"





Para terminar me gustaría decir que fue un placer compartir con Carla esa visita al Museo de Arte Moderno y poder disfrutar con ella de esta exposición. 

Moraleja: merece la pena ir  a Museos de Arte Moderno.


martes, 27 de abril de 2010

Saul Bass: El Gran Maestro de los Créditos

Mientras hoy hablaba con Carla González sobre cómo íbamos a hacer los títulos de crédito de mi próximo proyecto, he decidido dedicarle, esta humilde entrada, en mi modesto Blog a Saul Bass: El Gran Maestro de los Créditos. Es curioso, porque no lo sabía, pero antes de ayer, el día 25 de Abril, hizo además, 14 años desde que, el del Bronx, dejó a los directores, actores, guionistas y productores huérfanos y desamparados, porque ya, ninguno volverá a ser presentado de manera tan grandiosa ni jamás, su nombres podrán estar escritos en auténticas obras de arte.





Y este homenaje lo quiero hacer mientras escucho a Bernard Herrmann, que junto al mismo Saul Bass, fueron dos de los pilares fundamentales en las obras de otro gran maestro: Alfred Hitchcock. Luego, bastantes años después, otro maestro que había crecido, viendo y admirando el trabajo de los tres, Martin Scorsese, intentó recuperar para la causa, la del buen cine, por supuesto, al compositor y al diseñador gráfico para sus películas. De hecho, los últimos trabajos de ambos artistas fueron junto al director neoyorkino.

Podría hablar del uso maravilloso que hacía de los colores (mayoritariamente muy vivos), de esas llamas de una explosión y esas luces de neón de los casinos de Las Vegas, con Robert de Niro volando por los aíres por delante de ellos en "Casino", su último trabajo para el cine. Podría decir que ha sido el único que ha trabajado para los más respetados directores de cine de la historia, como el ya mencionado Alfred Hitchcock, Otto Preminger, Billy Wilder, John Ford, Stanley Kubrick y por supuesto Martin Scorsese. Podría hablar de que ganó un Oscar de la Academia con el cortometraje "Why Man Creates", que él mismo dirigió, porque era un artista en cualquier faceta que se propusiera, y eso sin hablar de sus diseños publicitarios y logotipos, ni del diseño del cartel de los J.J.O.O de Los Ángeles en 1984, ni de sus inolvidables carteles de películas que podrían, perfectamente, estar colgados en las paredes de cualquier museo del mundo (en mi salón, que no es ningún museo,  le di una pared al póster de "Vértigo" de Alfred Hitchcock, 1958).










Pero, lo que no puedo dejar de decir es  que era un mago. Un mago capaz de dar vida a figuras planas, letras, líneas rectas y no tan rectas o a recortes, tuvieran o no movimiento. Un mago que le dio magia a una parte del cine semi-olvidada, que cambió para siempre el mundo de la tipografía y la importancia de los títulos de crédito,  un genio de la composición, que conseguía que, aunque después de su trabajo, viniera una obra maestra del cine, se nos quedarán los créditos grabados en la memoria durante el resto de la película, y en muchas casos durante el resto de nuestras vidas.







Gracias Maestro, no ha habido nadie como tú. Todos los que hacen cine siguen llorando tu pérdida. Ya nadie elevará sus nombres hasta el firmamento...